domingo, julio 08, 2007

Los libros de la Biblia

¿Cuántos libros tiene la Biblia? ¿Qué diferencias hay entre las Biblias católicas y las Biblias protestantes? La Biblia no es un solo libro, como algunos creen, sino una biblioteca completa. Toda la Biblia está compuesta por 73 libros, algunos de los cuales son bastante extensos, como el del profeta Isaías, y otros son más breves, como el del profeta Abdías.

Estos 73 libros están repartidos de tal forma, que al Antiguo Testamento (AT) le corresponden 46, y al Nuevo Testamento (NT) 27 libros.
De vez en cuando suele caer en nuestras manos alguna Biblia protestante, y nos llevamos la sorpresa de que le faltan siete libros, por lo cual tan sólo tiene 66 libros.
Este vacío se encuentra en el A.T. y se debe a la ausencia de los siguientes libros: Tobías, Judit, 1 Macabeos, 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y el de Baruc.


¿Por qué esta diferencia entre la Biblia católica y la protestante?


Es un problema histórico-teológico muy complejo. Resumiendo mucho, trataremos de contestar esta pregunta.
Primero vamos a explicar cómo se formó la colección de libros sagrados del A.T. dentro del pueblo judío. Y luego veremos cómo los cristianos aceptaron estos libros del A.T. junto con los libros del N.T. para formar la Biblia completa.



En tiempos de Jesucristo, encontramos que en Palestina el pueblo judío sólo aceptaba el A.T. Y todavía no habían definido la lista completa de sus libros sagrados, es decir, seguía abierta la posibilidad de agregar nuevos escritos a la colección de libros inspirados.
Pero desde hacía mucho tiempo, desde alrededor de los años 600 antes de Cristo, con la destrucción de Jerusalén y la desaparición del Estado judío, estaba latente la preocupación de concretar oficialmente la lista de libros sagrados. ¿Qué criterios usaron los judíos para fijar esta lista de libros sagrados? Debían ser libros sagrados en los cuales se reconocía la verdadera fe de Israel, para asegurar la continuidad de esta fe en el pueblo. Había varios escritos que parecían dudosos en asuntos de fe, e incluso francamente peligrosos, de manera que fueron excluidos de la lista oficial. Además aceptaron solamente libros sagrados escritos originalmente en hebreo (o arameo). Los libros religiosos escritos en griego fueron rechazados por ser libros muy recientes, o de origen no-judío. (Este último dato es muy importante, porque de ahí viene después el problema de la diferencia de libros.)
Así se fijó entonces una lista de libros religiosos que eran de verdadera inspiración divina y entraron en la colección de la Escritura Sagrada. A esta lista oficial de libros inspirados se dará, con el tiempo, el nombre de «Canon», o «Libros canónicos». La palabra griega Canon significa regla , norma, y quiere decir que los libros canónicos reflejan «la regla de vida», o «la norma de vida» para quienes creen en estos escritos. Todos los libros canónicos de la comunidad de Palestina eran libros originalmente escritos en hebreo-arameo.
Los libros religiosos escritos en griego no entraron en el canon, pero recibieron el nombre de «apócrifos», «libros apócrifos» (= ocultos), porque tenían doctrinas dudosas y se los consideraba «de origen oculto».
En el primer siglo de nuestra era (año 90 después de Cristo) la comunidad judía de Palestina había llegado a reconocer en la práctica 39 libros como inspirados oficialmente.
Esta lista de los 39 libros de A.T. es el llamado «Canon de Palestina», o «el Canon de Jerusalén».



Simultáneamente existía una comunidad judía en Alejandría, en Egipto. Era una colonia judía muy numerosa fuera de Palestina, pues contaba con más de 100.000 israelitas. Los judíos en Egipto ya no entendían el hebreo, porque hacía tiempo habían aceptado el griego, que era la lengua oficial en todo el Cercano Oriente. En sus reuniones religiosas, en sus sinagogas, ellos usaban una traducción de la Sagrada Escritura del hebreo al griego que se llamaba «de los Setenta». Según una leyenda muy antigua esta traducción «de los Setenta» había sido hecha casi milagrosamente por 70 sabios (entre los años 250 y 150 antes de Cristo).
La traducción griega de los Setenta conservaba los 39 libros que tenía el Canon de Palestina (canon hebreo), más otros 7 libros en griego. Así se formó el famoso «Canon de Alejandría» con un total de 46 libros sagrados.
La comunidad judía de Palestina nunca vio con buenos ojos esta diferencia de sus hermanos alejandrinos, y rechazaban aquellos 7 libros, porque estaban escritos originalmente en griego y eran libros agregados posteriormente.
Era una realidad que, al tiempo del nacimiento del cristianismo, había dos grandes centros religiosos del judaísmo: el de Jerusalén (en Palestina), y el de Alejandría (en Egipto). En ambos lugares tenían autorizados los libros del A.T: en Jerusalén 39 libros (en hebreo- arameo), en Alejandría 46 libros (en griego).



El cristianismo nació como un movimiento religioso dentro del pueblo judío. Jesús mismo era judío y no rechazaba los libros sagrados de su pueblo. Además los primeros cristianos habían oído decir a Jesús que El no había venido a suprimir el A.T. sino a completarlo (Mt. 5, 17). Por eso los cristianos reconocieron también como libros inspirados los textos del A.T. que usaban los judíos.
Pero se vieron en dificultades. ¿Debían usar el canon breve de Palestina con 39 libros, o el canon largo de Alejandría con 46 libros?
De hecho, por causa de la persecución contra los cristianos, el cristianismo se extendió prioritariamente fuera de Palestina, por el mundo griego y romano. Al menos en su redacción definitiva y cuando en los libros del N.T. se citaban textos del A.T. (más de 300 veces), naturalmente se citaban en griego, según el Canon largo de Alejandría.
Era lo más lógico, por tanto, que los primeros cristianos tomaran este Canon griego de Alejandría, porque los mismos destinatarios a quienes debían llevar la palabra de Dios todos hablaban griego. Por lo tanto, el cristianismo aceptó desde el comienzo la versión griega del A.T. con 46 libros.



Los judíos consideraban a los cristianos como herejes del judaísmo. No les gustó para nada que los cristianos usaran los libros sagrados del A.T. Y para peor, los cristianos indicaban profecías del A.T. para justificar su fe en Jesús de Nazaret. Además los cristianos comenzaron a escribir nuevos libros sagrados: el Nuevo Testamento.
Todo esto fue motivo para que los judíos resolvieran cerrar definitivamente el Canon de sus libros sagrados. Y en reacción contra los cristianos, que usaban el Canon largo de Alejandría con sus 46 libros del A.T., todos los judíos optaron por el Canon breve de Palestina con 39 libros.
Los 7 libros griegos del Canon de Alejandría fueron declarados como libros «apócrifos» y no inspirados. Esta fue la decisión que tomaron los responsables del judaísmo en el año 90 después de Cristo y proclamaron oficialmente el Canon judío para sus libros sagrados.
Los cristianos, por su parte, y sin que la Iglesia resolviera nada oficialmente, siguieron con la costumbre de usar los 46 libros como libros inspirados del A.T. De vez en cuando había algunas voces discordantes dentro de la Iglesia que querían imponer el Canon oficial de los judíos con sus 39 libros. Pero varios concilios, dentro de la Iglesia, definieron que los 46 libros del A.T. son realmente libros inspirados y sagrados.



En el año 1517 Martín Lutero se separó de la Iglesia Católica. Y entre los muchos cambios que introdujo para formar su nueva iglesia, estuvo el de tomar el Canon breve de los judíos de Palestina, que tenía 39 libros para el A.T. Algo muy extraño, porque iba en contra de una larga tradición de la Iglesia, que viene de los apóstoles. Los cristianos, durante más de 1.500 años, contaban entre los libros sagrados los 46 libros del A.T.
Sin embargo, a Lutero le molestaban los 7 libros escritos en lengua griega y que no figuraban en los de lengua hebrea.
Ante esta situación los obispos de todo el mundo se reunieron en el famoso Concilio de Trento y fijaron definitivamente el Canon de las Escrituras en 46 libros para el A.T. y en 27 para el N.T.
Pero los protestantes y las muchas sectas nacidas de ellos, comenzaron a usar el Canon de los judíos palestinos que tenían sólo 39 libros del AT.
De ahí vienen las diferencias de libros entre las Biblias católicas y las Biblias evangélicas.



Los 7 libros del A.T. escritos en griego han sido causa de muchas discusiones. La Iglesia Católica dio a estos 7 libros el nombre de «libros deuterocanónicos». La palabra griega «deutero» significa Segundo. Así la Iglesia Católica declara que son libros de segunda aparición en el Canon o en la lista oficial de libros del A.T. porque pasaron en un segundo momento a formar parte del Canon.
Los otros 39 libros del A.T., escritos en hebreo, son los llamados «libros protocanónicos». La palabra «proto» significa «Primero», ya que desde el primer momento estos libros integraron el Canon del A.T.



En el año 1947 los arqueólogos descubrieron en Qumram (Palestina) escritos muy antiguos y encontraron entre ellos los libros de Judit, Baruc, Eclesiástico y 1 de Macabeos escritos originalmente en hebreo, y el libro de Tobías en arameo. Quiere decir que solamente los libros de Sabiduría y 2 de Macabeos fueron redactados en griego. Así el argumento de no aceptar estos 7 libros por estar escritos en griego ya no es válido. Además la Iglesia Católica nunca aceptó este argumento.



Después de todo, nos damos cuenta de que este problema acerca de los libros, es una cuestión histórico-teológica muy compleja, y con diversas interpretaciones y apreciaciones. Con todo, es indudable que la Iglesia Católica, respecto a este punto, goza de una base histórica y doctrinal que, muy razonablemente, la presenta como la más segura.
Sin embargo, desde que Lutero tomó la decisión de no aceptar esta tradición de la Iglesia Católica, todas las iglesias protestantes rechazaron los libros Deuterocanónicos como libros inspirados y declararon estos 7 libros como libros «apócrifos».
En los últimos años hay, de parte de muchos protestantes, una actitud más moderada para con estos 7 libros e incluso se editan Biblias ecuménicas con los Libros Deuterocanónicos.
En efecto, han ido comprendiendo que ciertas doctrinas bíblicas, como la resurrección de los muertos, el tema de los ángeles, el concepto de retribución, la noción de purgatorio, empiezan a aparecer ya en estos 7 libros tardíos.
Por el hecho de haber suprimido estos libros se dan cuenta de que hay un salto muy grande hasta el N.T. (más o menos una época de 300 años sin libros inspirados). Sin embargo estos 7 libros griegos revelan un eslabón precioso hacia el N.T. Las enseñanzas de estos escritos muestran una mayor armonía en toda la Revelación Divina en la Biblia.
Por este motivo, se ven ya algunas Biblias protestantes que, al final, incluyen estos 7 libros, aunque con un valor secundario.
Quiera Dios que llegue pronto el día en que los protestantes den un paso más y los acepten definitivamente con la importancia propia de la Palabra de Dios, para volver a la unidad que un día perdimos.

sábado, junio 09, 2007

La Biblia y la Tradición

A menudo los hermanos evangélicos, discutiendo con nosotros los católicos, nos dicen: «¿Dónde habla la Biblia del purgatorio? ¿Dónde dice la Biblia que San Pedro fue a Roma? ¿De dónde sacan ustedes los católicos eso de que María es la Inmaculada Concepción y que subió al cielo en cuerpo y alma?».
Para los evangélicos, la Revelación Divina y la Biblia son lo mismo. Es decir, para ellos solamente en la Biblia se encuentra toda la Revelación de Dios.
Ahora bien: ¿Es correcta esta posición? ¿Es cierto que la Biblia contiene todo el Evangelio de Cristo? ¿Qué dice la misma Biblia al respecto? Además, ¿quién reunió todos los libros inspirados que constituyen la Biblia? ¿Acaso no fue la Iglesia la que recibió el encargo de predicar el Evangelio por todo el mundo, hasta el fin de los tiempos? ¿Qué hubo primero: la Biblia o la Iglesia?
En este tema les explicaré por qué la Revelación Divina no abarca solamente la Biblia, como piensan los evangélicos, sino que la Revelación de Dios se manifiesta en la Tradición Apostólica y en la Biblia. Es un tema un poco difícil, pero fundamental para la comprensión correcta de la fe católica. Es un tema que ha sido causa de muchos malos entendidos entre la Iglesia Católica y las distintas iglesias evangélicas.


1. La Revelación Divina:


La Revelación es la manifestación de Dios y de su voluntad acerca de nuestra salvación. Viene de la palabra «revelar», que quiere decir «quitar el velo», o «descubrir».
Dios se reveló de dos maneras:


1) La Revelación natural, o revelación mediante las cosas creadas. Dice el apóstol Pablo: «Todo aquello que podemos conocer de Dios El mismo se lo manifestó. Pues, si bien a El no lo podemos ver, lo contemplamos, por lo menos, a través de sus obras, puesto que El hizo el mundo, y por sus obras entendemos que El es eterno y poderoso, y que es Dios» (Rom 1,19-20).
2) La Revelación sobrenatural o divina. Desde un principio Dios empezó también a revelarse a través de un contacto más directo con los hombres, mediante los antiguos profetas y de una manera perfecta y definitiva en la persona de Cristo Jesús, el Hijo de Dios. «En diversas ocasiones y bajo diferentes formas, Dios habló a nuestros padres, por medio de los profetas, hasta que, en estos días que son los últimos, nos habló a nosotros por medio de su Hijo» (Heb.1,1-2). Jesús nos reveló a Dios mediante sus palabras y obras, sus signos y milagros; sobre todo mediante su muerte y su gloriosa resurrección y con el envío del Espíritu Santo sobre su Iglesia. Todo lo que Jesús hizo y enseñó se llama «Evangelio», es decir, «Buena noticia de la Salvación».


2. ¿Cómo fue transmitida la Revelación Divina?


Para llevar el Evangelio por todo el mundo, Jesús encargó a los apóstoles y a sus sucesores, como pastores de la Iglesia que El fundó personalmente:
«Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo» (Mt. 28,18-20).
Aquí notamos cómo Jesús ordenó «predicar» y «proclamar» su Evangelio. Y de hecho los Apóstoles «predicaron» la Buena Nueva de Cristo. Años después algunos de ellos pusieron por escrito esta predicación. Es decir, al comienzo la Iglesia se preocupó de predicar el Evangelio. Por supuesto el Evangelio que Jesús entregó a los Apóstoles no estaba escrito. Jesús no escribió nunca una carta a sus Apóstoles; su enseñanza era solamente oral. Así lo hicieron también los Apóstoles.


3. La Tradición Apostólica


Este mensaje escuchado por boca de Jesús, vivido, meditado y transmitido oralmente por los Apóstoles, se llama «la Tradición Apostólica».
Cuando aquí hablamos de la Tradición» (con mayúscula), nos referimos siempre a la «Tradición Apostólica». No debemos confundir «la Tradición Apostólica» con la «tradición» que en general se refiere a costumbres, ideas, modos de vivir de un pueblo y que una generación recibe de las anteriores. Una tradición de este tipo es puramente humana y puede ser abandonada cuando se considera inútil. Así Jesús mismo rechazó ciertas tradiciones del pueblo judío: «Ustedes incluso dispensan del mandamiento de Dios para mantener la tradición de los hombres» (Mc.7,8).
La Tradición Apostólica se refiere a la transmisión del Evangelio de Jesús. Jesús, además de enseñar a sus apóstoles con discursos y ejemplos, les enseñó una manera de orar, de actuar y de convivir. Estas eran las tradiciones que los apóstoles guardaban en la Iglesia. El apóstol Pablo en su carta a los Corintios se refiere a esta Tradición Apostólica: «Yo mismo recibí esta tradición que, a su vez, les he transmitido» (1 Cor. 11, 23).
Resumiendo, podemos decir que Jesús mandó «predicar», no «escribir» su Evangelio. Jesús nunca repartió una Biblia. El Señor fundó su Iglesia, asegurándole que permanecerá hasta el fin del mundo. Y la Iglesia vivió muchos años de la Tradición Apostólica, sin tener los libros sagrados del Nuevo Testamento.



Solamente una parte de la Palabra de Dios, proclamada oralmente, fue puesta por escrito por los mismos apóstoles y otros evangelistas de su generación.
Estos escritos, inspirados por el Espíritu Santo, dan origen al Nuevo Testamento (NT), que es la parte más importante de toda la Biblia. Está claro que al escribir el NT, no se puso por escrito «todo» el Evangelio de Jesús.
«Jesús hizo muchas otras cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros», nos dice el apóstol Juan (Jn. 21,25).
La Sagrada Escritura, y especialmente el NT, es la Palabra de Dios, que nos manifiesta al Hijo en quien expresó Dios el resplandor de su gloria (Heb.1,3).
Podemos decir que sólo la parte más importante y fundamental de la Tradición Apostólica fue puesta por escrito. Por esta razón la Iglesia siempre ha tenido una veneración muy especial por las Divinas Escrituras.



Después de esto podemos decir que la revelación divina ha llegado hasta nosotros por la Tradición Apostólica y por la Sagrada Escritura. No debemos considerarlas como dos fuentes, sino como dos aspectos de la Revelación de Dios. El Concilio Vaticano II lo describe muy bien: «La Tradición Apostólica y la Sagrada Escritura manan de la misma fuente, se unen en un mismo caudal y corren hacia el mismo fin». La Tradición y la Escritura están unidas y ligadas, de modo que ninguna puede subsistir sin la otra.
Además, la Sagrada Escritura presenta la Tradición como base de la fe del creyente: «Todo lo que han aprendido, recibido y oído de mí, todo lo que me han visto hacer, háganlo» (Fil.4,9). «Lo que aprendiste de mí, confirmado por muchos testigos, confíalo a hombres que merezcan confianza, capaces de instruir después a otros» (2. Tim. 2,2).
«Hermanos, manténganse firmes guardando fielmente las tradiciones que les enseñamos de palabra y por carta» (2 Tes. 2,15).
Está claro que el Apóstol Pablo, para confirmar la fe de los cristianos, no usa solamente la Palabra de Dios escrita, sino que recuerda también de una manera muy especial la Tradición o la predicación oral. Para el Apóstol las formas de transmisión del Evangelio: Sagrada Escritura y Tradición, tienen la misma importancia. En realidad, una vez que se escribió el NT no se consideró acabada la Tradición Apostólica, como si estuviera completa la Revelación Divina. La Biblia no dice eso; en ninguna parte está escrito que el cristiano debe someterse ¡sólo a la Biblia! Esta es una idea que surgió entre los protestantes recién en los años 1550. En la Iglesia Católica hubo siempre una conciencia clara sobre la importancia de la Tradición Apostólica, sin quitar a la Biblia el valor que tiene.



Es un error creer que basta la Biblia para nuestra salvación. Esto nunca lo ha dicho Jesús y tampoco está escrito en la Biblia. Jesús, reitero, nunca escribió un libro sagrado, ni repartió ninguna Biblia. Lo único que hizo Jesús fue fundar su Iglesia y entregarle su Evangelio para que fuera anunciado a todos los hombres hasta el fin del mundo. Fue dentro de la Tradición de la Iglesia donde se escribió y fue aceptado el N.T., bajo su autoridad apostólica. Además la Iglesia vivió muchos años sin el N.T., el que se terminó de escribir en el año 97 después de Cristo. Y también es la Iglesia la que, en los años 393-397, estableció el Canon o lista de los libros que contienen el N.T.
Por tanto, si aceptamos solamente la Biblia, ¿cómo sabemos cuáles son los libros inspirados? La Biblia, en efecto, no contiene ninguna lista de ellos. Fue la Tradición de la Iglesia la que nos transmitió la lista de los libros inspirados. Supongamos que se perdiera la Biblia, en ese caso la Iglesia seguiría poseyendo toda la verdad acerca de Cristo, la cual hasta la fecha ha sido transmitida fielmente por la Tradición, tal como lo hizo antes de escribir el NT.
Los evangélicos, al aceptar solamente la Biblia, están reduciendo considerablemente el conocimiento auténtico de la Revelación Divina. Guardemos esta ley de oro que nos dejó el apóstol Pablo: «Manténganse firmes guardando fielmente la Tradiciones que les enseñamos de palabra y por carta» (2 Tes. 2,15).



La Revelación Divina abarca la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura. Este depósito de la fe (cf. 1 Tim. 6, 20; 2 Tim. 1, 12-14) fue confiado por los Apóstoles al conjunto de la Iglesia. Ahora bien el oficio de interpretar correctamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia. Ella lo ejercita en nombre de Jesucristo. Este Magisterio, según la Tradición Apostólica, lo forman los obispos en comunión con el sucesor de Pedro que es el obispo de Roma o el Papa.
El Magisterio no está por encima de la Revelación Divina, sino que está a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido. Por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, el Magisterio de la Iglesia lo escucha devotamente, lo guarda celosamente y lo explica fielmente.
Los fieles, recordando la Palabra de Cristo a sus apóstoles: «El que a ustedes escucha, a mí me escucha» (Lc.10, 16), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que sus pastores les dan de diferentes formas. El Magisterio de la Iglesia es un guía seguro en la lectura e interpretación de la Sagrada Escritura, «ya que nadie puede interpretar por sí mismo la Escritura» (2 Ped. 1, 20).
El Magisterio de la Iglesia orienta también el crecimiento en la comprensión de la fe. Gracias a la asistencia del Espíritu Santo, la comprensión de la fe puede crecer en la vida de la Iglesia cuando los fieles meditan la fe cristiana y comprenden internamente los misterios de la Iglesia. Es decir, el creyente vive la palabra de Dios en las circunstancias concretas de la historia y hace cada vez más explícito lo que estaba implícito en la Palabra de Dios.
En este sentido la Tradición divino-apostólica va creciendo, como sucede con cualquier organismo vivo.
Este es precisamente el significado que hay que dar a las definiciones dogmáticas, hechas por el Magisterio de la Iglesia.



1. Resumiendo, podemos decir que la Iglesia no saca solamente de la Escritura la certeza de toda la Revelación Divina.
2. La Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios, en el cual, como en un espejo, la Iglesia peregrinante contempla a Dios, fuente de todas sus riquezas.
3. El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios ha sido confiado únicamente al Magisterio de la Iglesia, a los obispos en comunión con el Papa.
4. La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan de Dios, están íntimamente unidos, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros. Los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de los hombres.

miércoles, noviembre 29, 2006

Doctrina y Errores Cristológicos de los primeros siglos


1) Los Símbolos de la Fe y su Raigambre Bíblica.

a) Símbolo – σύμβολον –

La palabra griega σύμβολον significaba la mitad de un objeto partido (por ejemplo, un sello) que se presentaba como una señal para darse a conocer. Las partes rotas se ponían juntas para verificar la identidad del portador [1]. Significaba también recopilación, colección o sumario.
El «símbolo de la fe» es una señal de identificación y de comunión entre los creyentes. El símbolo de la fe recopila las principales verdades de fe[2] (Cf. CEC. 188).

b) Homologías – o,.mologia–

Surgen en el Nuevo Testamento las denominadas o,.mologiaj [3], p.e. Mc 15,39: «Verdaderamente ... era el Hijo de Dios»; la de Pedro o la de la hermana de Lázaro.

Además existen de:

– Aclamación: Rm 10,9-10: «Jesús es Señor»;

– Fórmula de fe: Hch 18,5: «El Cristo era Jesús»;

– Hechos salvíficos: Rm 14,15;

– Himnos: Flp 2,11:«Jesús es Señor».


Al ir paulatinamente señalando las características de cada Persona divina, se van entregando definiciones que son el fundamento de las futuras Definiciones Dogmáticas, p.e. de Nicea (325), Constantinopla I (381).







2) La cristología según el Adopcionismo y Subordinacionismo[4].

El trasfondo de las herejías es salvar el monoteísmo.

a) La cristología según el Adopcionismo:
Su representante es Pablo de Samosata

En la doctrina adopcionista, la vinculación de Jesús con Dios se inscribía en la misma categoría que la elección de los profetas. En el bautismo en el Jordán habría descendido el Espíritu sobre Jesús y de este modo, y a través de él, se habría manifestado Dios. Pero Jesús sería simplemente un hombre a quien Dios confió una misión reveladora.

b) La cristología según el Subordinacionismo:
Su representante Luciano de Antioquia

El subordinacionismo es una doctrina que, con el fin de mantener con seguridad la unicidad de Dios, sostiene que el Hijo y el Espíritu Santo son en alguna manera inferiores al Padre, o no son consustanciales con él.


3) El Gnosticismo del Siglo II [5].
Gnósticos importantes: Valentín y Cerinto

La visión fundamental de la gnosis[6] se apoya en la contraposición dualista entre un mundo espiritual y divino por un lado, y el mundo material, por el otro.

Esta autoliberación por el conocimiento es una postura radicalmente contraria a la concepción cristiana

Atribuye exclusivamente a Dios la acción liberadora y enseña que el mundo material y sensible es bueno y que, por tanto, Dios puede estar presente también en las realidades históricas del hombre Jesús. También la concreción de la mediación salvífica de la Iglesia en los sacramentos, en cuantos medios de la unión de las criaturas con Dios excluye cualquier menosprecio gnóstico del cuerpo y del mundo.


4) Arrio[7] y El Concilio de Nicea –Asia menor – (Símbolo Niceno)

El arrianismo es una doctrina herética sustentada por Arrio (+336), presbítero de Alejandría, según la cual la Segunda Persona de la Trinidad no es Dios por esencia, sino una criatura, la primera, tan íntimamente relacionada con Dios, que el Padre la adopta como Hijo.

Su doctrina se podría esbozar de la siguiente manera:

– Sólo existe un Dios, que no es creado ni es engendrado;

– Por lo tanto, todo lo que existe es creado;

– El Verbo, Jesucristo, es creado antes que todo lo existente; luego es creado de la nada:

– Por eso, el Verbo puede encarnarse, puede cambiarse en hombre y puede ser llamado incluso «Hijo de Dios» (en sentido honorífico).

Es una doctrina muy lógica y comprensible, para exponerla, Arrio se apoya incluso en ciertas citas de la Escritura que llaman a Jesús “menor” que el Padre (Cf. Jn 17,3[8]; 14,28[9])

La Iglesia responde frente al tema con el concilio de Nicea[10] (325), donde se formula una profesión de fe (DH 125) definiendo de una vez para siempre la divinidad de Jesús. Se introducen conceptos, no bíblicos. En el Credo se dice:

a. Que Jesús es el único Señor y es hijo de Dios. Jesús es el Hijo y el Señor; no hay ninguna diferencia entre el sujeto Jesús y el sujeto Hijo;

b. Se afirma que no es hecho o creado, sino nacido unigénito del Padre (engendrado); engendrado no creado.

c. Se afirma que es de la misma sustancia (o,moousion[11]) del Padre (no nace de “cualquier forma”, sino de la misma realidad eterna, invisible, omnipotente que el Padre, es decir, consustancial); es de la misma sustancia o naturaleza;

d. Se expresa la igualdad junto con la procedencia: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero.

e. El Hijo es el mismo que “descendió” por nuestra salvación. Este Hijo se hace carne y hombre, pero de tal manera que sufre y muere por los hombres.


5) Apolinar y El Concilio de Constantinopla I –381– (símbolo niceno constantinopolitano)

La divinidad de Jesús fue definida claramente, sin embargo, ahora cabe la pregunta: ¿era verdadero y totalmente hombre?, ¿era sólo carne, cuerpo, en que habitaba el Verbo?

a) Apolinar[12] (+390)

Obispo de Laodicea (Siria), manifestaba que la Escritura dice que el Verbo se ha hecho carne, lo que le lleva a decir que en Jesús no existiría el alma, el Verbo habría tomado el lugar del alma. Jesucristo no sería como los demás hombres, pues le faltaba el alma; la unión entre carne y Verbo es imposible; es como la unión de dos realidades de la que resulta un ser que no es ni Dios ni hombre.

De estas premisas se seguirían la siguiente: María ha engendrado un cuerpo, que sólo es divino al unirse con el Verbo;

b) Concilio de Constantinopla I

– Creemos en un solo Dios...;

– Jesucristo...Engendrado antes de todos los siglos;

– Bajó del cielo y se Encarnó

– se encarnó de MAría, la Virgen y se hizo hombre.


6) Nestorio y el Concilio de Efeso (431).

a) Nestorio[13]:

Nestorio, distingue en Jesucristo al Verbo y a Jesús, entonces dice que: María es madre de Jesús o de Cristo, pero no es Madre de Dios. Jesús o Cristo es el que murió, pero no murió el Verbo.

Distingue dos sujetos, dos personas: una divina, eterna, inmortal, todopoderosa: el Verbo; otra humana, mortal, histórica, humilde: Cristo o Jesús.

La Iglesia condena a Nestorio: primero lo hace el Papa Celestino (430) y también lo hace el concilio de Efeso, tercer concilio ecuménico (Cf. DH 250).

7) El Monofisismo y Calcedonia

a) El Monofisismo
Representantes son Dióscoro y Eutiques

El monofisismo (una sola naturaleza, la divina), hacía prevalecer la divinidad del Verbo que sacrificaba la humanidad auténtica de Jesús, haciendo que la absorbiera la divinidad[14].

b) Concilio de Calcedonia (451).

Formula los siguientes elementos:

Usa una terminología certera y clara, hasta hoy vigente, extra bíblica, tomada del lenguaje filosófico. Usa equivalentemente «persona» y «sustancia o subsistencia», distinguiéndolas claramente de «naturaleza». El término persona, responde a «¿quién es?», y naturaleza a «¿qué es?».

Estructura literaria:
Un sujeto, «uno y el mismo», que se repite tres veces y del que se dicen dos columnas de predicados, una referida a la humanidad y la otra a la divinidad.

Contenido:
Incluye la tradición precedente. Jesucristo perfecto en la divinidad (contra Arrio) y perfecto en la humanidad (Contra Apolinar). Lo mismo cuando dice respectivamente: «Dios verdadero y hombre verdadero» y, cuando agrega «consustancial con el Padre» y «consustancial con nosotros». Contra Nestorio al distinguir entre el engendramiento eterno y el temporal en María.


Su aporte específico es señalar el cómo de la unión hipostática (en la persona del verbo).


Fórmula:
«...se ha de reconocer a UNO sólo, el mismo Cristo Hijo Señor Unigénito EN dos naturalezas[15]...; que se unene en la Hipóstasis (hipo: “bajo, debajo”; stasis: “estar de pie”): “lo que subyace, lo que da subsistencia a la persona.

Entonces, dos naturalezas en la Persona (Verbo); Él ejerce la naturaleza humana y la divina. En un solo sujeto, en una sola Persona concurren dos naturalezas que están unidas:

Sin confusión: Contra Eutiques –monofisitas– (que planteaba la absorción de la humana en la divina) las naturalezas no se confunden o mezclan;

Sin Cambio: Contra Arrio (que decía que dejaba de ser Verbo para ser hombre o confusión de una con otra: una en otra el Verbo no se cambia en hombre al encarnarse);
Sin dividirse: Una vez unidas las naturalezas de Jesús quedan íntimamente unidas, ya no puede darse “autonomía” de ellas (contra la yuxtaposición de Nestorio y monofisismo);

Sin separación posible: También ya no pueden separarse, unidas para siempre; conservando, eso sí, su distinción (contra Eutiques).


8) Constantinopla II (553) y III (680-681)

a) Constantinopla II (553)

El Concilio de Constantinopla II confirma y esclarece algunos puntos que habían quedado algo oscuros en Calcedonia:

v En Jesucristo hay una sola Persona, aún después de la unión del Verbo con la naturaleza humana;

v En Jesucristo hay dos naturalezas; estas naturalezas permanecen con sus propiedades después de la unión: «Unión de las dos naturalezas según composición (no yuxtaposición) en la naturaleza del Verbo» (DH 425);

v La unión con la naturaleza humana y divina se llama unión hipostática: «El Verbo de Dios se unió a la carne según la hipóstasis y por eso es una sola hipóstasis de él» (DH 426);

v La unión se realiza porque el Verbo se une a la carne (completa);

v Esta unión es en la hipóstasis o persona.

b) Constantinopla III (680–681)

Por su parte el Concilio Constantinopla III combate contra el monoenergismo: En Jesucristo sólo puede haber una acción divina-humana y el monotelismo: En Jesucristo sólo puede haber una sola voluntad. El concilio define:

v En Jesucristo hay dos voluntades, sin mezcla, sin división, sin cambio, sin separación (DH 555);

v Esas dos voluntades no son contrarias: la humana sigue a la divina (DH 553);

v También hay en Jesucristo dos operaciones: una divina y otra humana, que no se contradicen sino que la divina potencia y hace más perfecta a la humana (DH 556).


[1] Es una especie de «santo y seña», señal.
[2] “A lo largo de la historia, la Iglesia se ve obligada a reformular los datos cristológicos del N. T. por varias razones:
a) La lectura de la SS. EE. hecha continuamente bajo la luz del Espíritu Santo, lleva a la Iglesia a descubrir nuevos e importantes aspectos del misterio de Jesucristo.
b) La defensa de la fe contra los errores obliga a la Iglesia a reformular lo que es necesario creer y lo que es accesorio.
c) El encuentro con una nueva forma de pensar – la griega, la romana, la germana – lleva a la necesidad de explicar el misterio de Cristo en nuevos idiomas y culturas.
d) El interés por explicar más las verdades de fe, destacar el contenido salvador y sus consecuencias prácticas conducen a una ampliación de la visión de Jesucristo”. Cf. Jesús el Cristo, curso fundamental de cristología, Maximino Arias Reyero, Santiago, abril 1997, 7ª edición, pp. 289-290.
[3] En griego significan accuerdo, confesión (de fe o de pecados).
[4] Surgen debido a la dificultad de cómo relacionar a Jesús con Dios Padre: ¿dos dioses? ¿Cómo salvar el monoteísmo? Surgen las herejías como «malas soluciones al problema (Adopcionismo, subordinacionismo, monarquianismo).
[5] Ellos no aceptan la encarnación (mundo material es malo): «Dios no puede haberse encarnado». Además Jesús sería un eón (Cualquiera sería un eón, también Jesús, al nivel de cualquier otro miembro de este sistema (lo reduce). Este sistema “explicaría” todo...
[6] En griego “conocimiento”. Movimiento filosófico-teológico que considera el conocimiento como lo decisivo para la salvación. Nace antes del cristianismo con elementos de diversas culturas antiguas. Adquiere fuerza en el mundo judío y heleno desde el siglo I aC. Y se prolonga, también con elementos cristianos, hasta el siglo IV dC. Es dualista; el espíritu ha de ser liberado de la cárcel de la materia por medio del conocimiento en etapas sucesivas. Contiene elementos compatibles con el cristianismo, los cuales subyacen en algunas de sus expresiones. Otros contaminaron la fe y provocaron reacciones fuertes ya en escritos neo-testamentarios, como 1 y 2 Cor, Col, 1Jn, Judas. Posteriormente varias sectas heréticas, como los docetas y los valentinianos, aunque divergentes entre sí, profesaron ideas gnósticas, que incluían una visión negativa de la creación, negación de la encarnación, de la muerte y resurrección de Cristo, substitución de los sacramentos por ritos gnósticos mágicos, cambio del canon de las escrituras, etc. (Cf. Gnosis / Gnosticismo en Diccionario de términos religiosos y afines, Aquilino de Pedro, Editorial Verbo Divino – San Pablo, 4ª edición, Madrid 1998, p.117)
[7] Desea salvar el monoteísmo; es un adopcionista en el fondo. La segunda Persona de la Trinidad sería una creatura: Dios lo adopta como hijo (Jn 17,3; 14,28): Dios más grande que yo. Sólo u Dios, por lo que el Verbo es creado de la nada. Toda cosa que proceda de otra es menor: si Jesús tuvo un origen ya no puede ser como el Padre, por lo que sería inferior.
[8] “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo”.
[9] “Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo”.

[10] Toma Símbolo de Antioquía de Siria y le agrega términos.
[11] Unigénito; consubstancial; ahora en griego, primera vez términos extra bíblicos: las escrituras ya no bastan; (Vr. Griego).
[12] Ofrece solución a la unión del Logos y la Carne. El Logos se encarna en una naturaleza humana sin nous (parte intelecto), cumpliendo ese rol el Verbo Eterno; así se unen 2 seres incompletos haciendo 2 seres completos.
*Pertenecía a la Escuela Teológica Alejandrina, de línea más abstracta, lógica, filosofía platónica, de exégesis más especulativa, más espiritual –que también era una tendencia espiritual–, diferente de la:
*Antioquena que era más concreta, relacionada con lo concreto de las cosas, exégesis literal de las cosas.
[13] Salva la verdadera humanidad de Cristo (en vista de Apolinar): En Cristo sí hay verdadera humanidad, pero su problema está en que no acepta la unidad: «María no dio a luz también al Hijo Eterno del Padre. Fue Monje antioqueno designado patriarca de Constantinopla en el año 428; hombre de palabra cálida y celoso predicador contra las herejías, asceta en su propia vida y reformador del pueblo, se ganó en seguida la admiración popular. (Cf. Nestorio en Diccionario de términos religiosos y afines, Aquilino de Pedro, Editorial Verbo Divino – San Pablo, 4ª edición, Madrid 1998, pp. 189-190).
[14] El monoficismo considera que la Potencia Divina anula la natraleza humana: «es hombre, pero dominado totalmente por la divinidad».
[15] «EN DOS..», έκ δύο; έκ es una preposición estática que inidca en donde, de donde sale.

Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo


Al narrar la pasión y muerte de Jesús, los cuatro evangelios coinciden casi en los detalles, lo que no indica la dependencia de ellos de una misma fuente, sino que los relatos de pasión y muerte constituyen el estrato más antiguo del Nuevo Testamento.

Sin embargo, la intención de todos ellos se orienta a que los lectores participen, uniéndose a la muerte del Señor y a sus sufrimientos. No se trata de un relato casual o fortuito, sino que todo el escrito se orienta a la muerte redentora de Cristo. Este hecho es el centro del anuncio apostólico, por lo que podríamos decir que a este hecho se le “antepone –como una larga introducción - el relato de la vida de Jesús”. Cada relato se oirenta a este fin y paulatinamente lo anuncia e introduce (p.e. Mc 8,31; 10,38): esta muerte será vista como una consecuencia lógica y necesaria de la predicación de Jesús.


2) La Muerte Salvífica, Vicaria y Sacrificial de Jesús según los Datos Bíblicos


La muerte de Cristo no es un acontecimiento sorpresivo o accidental en su vida: ya se va perfilando en el Nuevo Testamento. El anuncio podía venir por actitudes del pueblo o de parte de los jefes de Jerusalén, etc[2]. Él rechaza las instituciones religiosas judías[3], actuando con personalidad sobre ellas, fruto de su Misión. Por esta actitud será condenado, como una “agitador político”, que lleva detrás toda una carga religiosa.

a) La Muerte Salvífica de Jesús

La muerte del “Siervo, el Justo” anunciado por las Escrituras como misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado”.

b) La Muerte Vicaria de Jesús:

«Juan Bautista... manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Is 53, 7) y carga con el pecado de las multitudes (Is 53,12) y el Cordero pascual símbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Ex 12,3). Jesús es el Cordero que carga con el pecado y las culpas de muchos, alcanzándoles el perdón. Toda la vida de Cristo expresa su misión: “Servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10,45)».

c) La Muerte Sacrificial de Jesús

« La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres (1 Co 5,7b; Ef 1,7) por medio del “Cordero que quita el pecado del mundo” y el sacrificio de la Nueva Alianza que devuelve al hombre a la comunión con Dios reconciliándose con Él por “la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados (Mt 26,28)» [4]. Cordero: Su sacrificio de su vida va marcada por la obediencia, el carácter voluntario (Ef 1,7).


3) La Resurrección de Jesucristo: Datos Bíblicos, Valor Histórico y Teología.

a) La Resurrección de Jesucristo

Las Escrituras y la fe de la Iglesia dan a conocer que Dios ha resucitado a Jesús. Lo relatan los Evangelios y san Pablo hablará de ella más de un modo testimonial (1Co 15,3). La resurrección es un acontecimiento original sin antecedentes, realizado por Dios, que determina la historia, y que expresa que Jesús ha pasado a un nuevo modo de ser y de existir[5].

b) Datos Bíblicos

Los escritos bíblicos no tienen interés en presentar un estudio científico, sino que tienen el deseo de transmitir una Buena Noticia. Es un hecho objetivo, sin precedentes. Como relato es la base decisiva del anuncio del Nuevo Testamento.

Encontramos:
Fórmulas: Son las antiguas formas de predicación, profesiones de fe, fórmulas catequéticas o litúrgicas de los discípulos de Cristo; aquí encontramos especialmente restos de los «discursos misioneros» de Pedro y Pablo. P. e. Profesiones de fe (Rom4,24) o Himnos Litúrgicos (1 Pe 3,18).

Anuncios: Son textos que aparecen en la vida de Jesús y anuncian su futura resurrección. P.e. 8,31; Mt 16,21

Relatos: Textos que nos transmiten una realidad nuev con palabras y con imágenes de su tiempo; ello nos entregan el hecho de la Resurrección o su presencia resucitada a través de una narración. P.e. Mt 28,1–10.

c) Valor histórico

Como acontecimiento culmen de la fe, la resurrección de Cristo se inserta en la historia y la trasciende, pues abre la historia a una realidad jamás pensada, que trasciende lo normal y se incluye en lo misterioso. Ella anticipa la resurrección escatológica esperada por los creyentes.

El Sepulcro vacío (Jn 20, 1–10) y las Apariciones Corporales (Jn 20, 11ss)[6], son elementos que permiten corroborar el acontecimiento histórico de la Resurrección de Cristo «en un nuestra historia»[7].

«El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas... Así lo mostrará Pablo al escribir a los Corintios hacia el año 56... El Apóstol habla aquí de la Tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión [8]».

d) Teología[9]

La Resurrección de Cristo es una intervención trascendente de Dios mismo en la creación y en la historia. Las tres Personas actúan juntas a la vez. Se realiza por el poder del Padre que ha resucitado a Cristo, su Hijo, y de este modo introduce de manera perfecta su humanidad en la Trinidad.

Cristo se revela definitivamente «Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos». Es la manifestación del poder de Dios[10], por la acción del Espíritu que ha vivificado la humanidad muerta de Jesús y la llamado al estado glorioso.


4) El Sepulcro Vacío y las Apariciones a los Discípulos[11].

El sepulcro vacío, que indica la Resurrección de Cristo, presenta la realización del acontecimiento fundante de la fe cristiana. La Resurrección es la verdad culminante de la fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como la verdad central.

a) El Sepulcro Vacío

En el marco de esta vivencia pascual, el primer elemento que se encuentra e el sepulcro vacío. En sí no es una prueba directa, pues la ausencia del cuerpo de Cristo podía explicarse de otro modo (Hortelano[12]); sin embargo, ha constituido un signo esencial: fue el primer paso de los discípulos para el reconocimiento del hecho de la Resurrección, como es el caso de las santas mujeres (Lc 24,322–23), de Pedro (24,12), del Discípulo amado (Jn 20,2).

Mc 16,6 «no está aquí»: es decir, “no está aquí en la muerte, está en la vida”.

Éste último, luego de entrar al sepulcro vacío y descubrir «las vendas en el suelo», vió y creyó (20,8), lo que supone que constató (20,5–7), en el estado del sepulcro vacío, que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto a simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro[13]. La nueva condición de Jesús – gloriosa – es distinta (no como la de Lázaro), por lo que no es fácil reconocerle.

b) Las Apariciones a los Discípulos

María Magdalena y las santas mujeres –que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús – fueron las primeras en encontrar al resucitado (Jn 20,11–18). Así se transforman en las primeras mensajeras de la resurrección de Cristo para los propios Apóstoles (Lc 24,6–10).

Jesús se apareció[14] a los Apóstoles, primero a Pedro, después a los Doce (1Co 15,5). Pedro ve al Resucitado antes que los demás y así da testimonio; de este modo es llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (Lc 22,31).

Estas apariciones comprometen a cada uno de los Apóstoles en la constitución de la era nueva que comenzó en la nueva mañana de Pascua. En sus testimonios –de hombres concretos y conocidos –, la primera comunidad se fundará.




5) La Presencia de Jesús en la Iglesia y su Venida Gloriosa

a) La Presencia de Jesús en la Iglesia

Lumen Gentium:

– 5: «Jesús, después de sufrir la muerte de cruz por los hombres y de resucitar... derramó sobre sus discípulos el Espíritu prometido por el Padre. Por eso la Iglesia, enriquecida con los dones de s Fundador... recibe la misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino de Cristo y de Dios»

– 7: «Por la comunicación de su Espíritu a sus hermanos, reunidos de todos lo pueblos, Cristo los constituye místicamente en su cuerpo... Somos integrados en los misterios de su vida: con Él estamos identificados, muertos y resucitados hasta que reinemos con Él... Él hace que todo el Cuerpo crezca para Dios, compacto y estructurado mediante los ligamentos y articulaciones (Col 2,19). Él distribuye sin cesar los dones de los ministerios en su Cuerpo, en la Iglesia. Con ellos gracias al poder de Cristo, nos ayudamos mutuamente a salvarnos para que ... crezcamos por todos los medios en Él, que es nuestra cabeza»[15].

b) Su Venida Gloriosa de Jesús

Lumen Gentium:

– 48: «Al resucitar Cristo de entre los muertos, envió su Espíritu de vida... y constituyó a su Cuerpo, la Iglesia, como sacramento universal de salvación... Por medio de ella une a los hombres más íntimamente consigo y les da parte en su vida gloriosa. Por tanto, la restauración prometida que esperamos comenzó ya en Cristo, progresa con el envío del Espíritu Santo y por Él continúa en la Iglesia...

...El final de la historia ha llegado ya a nosotros[16] e incluso de alguna manera real ya está por anticipado en este mundo... Mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las creaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios (Rom 8,19–22)»[17].
[1] En lo que respecta a este tema seguimos lo señalado por Maximino Arias R., en Jesús, el Cristo, Curso Fundamental de Teología. Santiago 1997; p. 193.
[2] Cfr. Mc 8,31; Lc 4,29; Lc 13,33–34.
[3] Cfr. la relación de Jesús con la Ley: no rechaza la Ley, la plenifica, dando plenitud («a aquello que no alcanza su totalidad en sí») a las costumbres israelitas que se habían quedado en un mero ritualismo. Mt 5,17; Mc 12,38.
[4] Cfr. Gál 2,20; Rom 5,8–9.
[5] Rom 6,9.
[6] Cfr. además Mt 28, 1–10; Mc 16, 1–11.
[7] Ver CEC 640–647.
[8] CEC, 639.
[9] Cfr. CEC 648.
[10] Rom 1,3–4; 6,4; 2Co 13,4.
[11] CEC 639ss.
[12] Cfr. Jn 20,13.
[13] Jn 11,44.
[14] Esto es: se hizo evidente; sería una experiencia de Cristo presente distinta, no lo percibieron como Jesús.
[15] Cfr. 1Co 1,15–18.
[16] Cfr. 1Co 10,11.
[17] Véase además el n° 49 de la Constitución Lumen Gentium.

jueves, noviembre 02, 2006

LA ENSEÑANZA DE JESUS

1) El Reino o Reinado de Dios: Textos más importantes y Significado de esta Expresión.


“El reino de Dios está cerca” (Mt 3,2; 4,17), es el tema central de Juan bautista y el de Jesús.
En el antiguo testamento, Yahvé aparece como rey de Israel[1], lo cual implica que la vida debe regirse por la ley de Dios[2]. Esta realeza, de hecho no se da en el mundo por causa del pecado, por ende, debe ser restablecida por una intervención soberana de Dios y de su Mesías (Dn. 2,44).
Por su parte, Jesús anuncia que este reino ha llegado, pero no de una forma triunfalista, humana sino espiritual, como Hijo de hombre y siervo (Cf. Mt. 8,17.20), y así con su obra, arranca a los hombres del reinado de Satanás (Cf. Mt. 8,29; 12,25-28)
El reino aparece con comienzos humildes (Mt. 13,43), misteriosos (Mt. 13,11), aceptada por los humildes (Mt. 5,3) y rechazado por los soberbios y egoístas (Mt. 21,31-32) los que son excluidos del banquete de bodas (Mt. 8,12).
La expresión reino o reinado de Dios, expresa la absoluta soberanía de Dios sobre la creación, tiene un sentido más profundo y trascendente. Indica la presencia y actividad misteriosa de Dios en el mundo y en el hombre para liberarlos del mal y conducirlos a la salvación; esta presencia y actividad misteriosa se hace presente en la persona de Jesucristo.

2) Exigencias del Reino.

Reino de los cielos, según Mateo[3], Reino de Dios según Lucas, Jesús utiliza varias figuras tomadas de realidades conocidas por sus contemporáneos, por ejemplo, el trigo y la cizaña; grano de mostaza; la levadura; el tesoro y la perla; la red (cfr. Mt 13) el reino en sus inicios es pequeño, humilde, sencillo, todos están invitados a este reino, sin embargo, no todos pueden participar de él, sino solo los que están convenientemente preparados.
Condiciones para aceptar el Reino de Dios:
· Aceptarlo como una gracia (Mt. 20, 1-16)
· Tener un espíritu de pobre (Mt. 5,3), manso (Mt. 5,4) y humilde (Mt. 18,1-4).
· Hay que estar adecuadamente preparado, vestido (Mt. 22,11-13).
· Siendo el reino una gracia, los pecadores endurecidos no lo pueden recibir (1 Co. 6,9-10; Gal. 5,19-21; Ef. 5,5).

3) Las Bienaventuranzas

En el antiguo testamento, principalmente en los Salmos, expresan la felicidad que recae en quien sirve a Dios: Es bienaventurado el hombre que teme al Señor porque será bendecido (Sal. 112,1) con hijos (Sal.128,1-3.4-6). Bienaventurado es quien escucha (Prov. 8,32-36).
El ejemplo típico de las bienaventuranzas, en el nuevo testamento, son las de Mateo 5,1-12 y Lucas 6,20-23[4], con un matiz distinto, en razón de sus destinatarios.
Es así, que Mateo presenta las bienaventuranzas como un programa de vida cristiana, enfatizará, en la doctrina de los anawin[5].
Por su parte, san Lucas anuncia una inversión de situaciones de esta vida a la futura (Lc. 16,25). El sentido que tienen estas bienaventuranzas es más bien literal, material, dirigido a un auditorio que tiene problemas sociales, materiales.

4) El mandamiento del amor

La ley judía tenía un total de 613 preceptos, tanto restrictivos como positivos: 248 positivos y 356 prohibiciones[6], que tenían por objeto regular la vida religioso-civil del pueblo.
Ante la pregunta, de un fariseo: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» (Mc. 12,28-34; Mt. 22,34-40; Lc. 10,25-35), Jesús aporta de nuevo :
v La indisoluble conexión entre ambos preceptos, del amor a Dios y al prójimo;
v La universalidad del amor al prójimo, ya que abarca a los enemigos, (ver Mt. 5,43-48);
v La preferencia que aparece hacia lo más despreciable, lo más pequeño, lo enfermo, lo pecador;
v La unión de todo esto con la misma actitud de Jesús. El precepto del amor es el mismo Cristo: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Jn 13,34)

El apóstol Pablo nos dirá que la plenitud de la ley es la caridad (Cf. Rm 13,10)

[1]Pero Gedeón les respondió: «No seré yo el que reine sobre vosotros ni mi hijo; Yahveh será vuestro rey.» (Jue. 8,23).
Pero Yahveh dijo a Samuel: «Haz caso a todo lo que el pueblo te dice. Porque no te han rechazado a ti, me han rechazado a mí, para que no reine sobre ellos (1Sm. 8,7)
[2] "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa" (Ex. 19,4-6)
[3] Su evangelio va dirigido a los judíos, y éstos evitaban, por respeto, pronunciar el nombre de Dios.
[4] Además de las anteriormente mencionadas, aparecen otras en los evangelios, en las cartas y en el Apocalipsis.
[5] En hebreo, “el pobre, los pobres”. Se designan a los llamados pobres de Yahvé, que son gente humilde, normalmente carente de bienes materiales, pero caracterizada sobre todo por su actitud religiosa, hecha de rectitud y confianza en Dios (Sof 2,3; Zac 9,9, etc.) y encarnados en personas concretas como los pastores, Isabel, Ana, Simeón, la virgen María y sobre todo Jesús (Cf. Mt 11,29)
[6] Cf. Jesús el Cristo, curso fundamental de cristología, Maximino Arias Reyero, Santiago, abril 1997, 7ª edición, p. 152.

miércoles, noviembre 01, 2006

Pasíon, Muerte y Resurrección de Jesucristo

Al narrar la pasión y muerte de Jesús, los cuatro evangelios coinciden casi en los detalles, lo que no indica la dependencia de ellos de una misma fuente, sino que los relatos de pasión y muerte constituyen el estrato más antiguo del Nuevo Testamento.

Sin embargo, la intención de todos ellos se orienta a que los lectores participen, uniéndose a la muerte del Señor y a sus sufrimientos. No se trata de un relato casual o fortuito, sino que todo el escrito se orienta a la muerte redentora de Cristo. Este hecho es el centro del anuncio apostólico, por lo que podríamos decir que a este hecho se le “antepone –como una larga introducción– el relato de la vida de Jesús”. Cada relato se oirenta a este fin y paulatinamente lo anuncia e introduce (p.e. Mc 8,31; 10,38): esta muerte será vista como una consecuencia lógica y necesaria de la predicación de Jesús.


1) La Muerte Salvífica, Vicaria y Sacrificial de Jesús según los Datos Bíblicos


La muerte de Cristo no es un acontecimiento sorpresivo o accidental en su vida: ya se va perfilando en el Nuevo Testamento. El anuncio podía venir por actitudes del pueblo o de parte de los jefes de Jerusalén, etc[2]. Él rechaza las instituciones religiosas judías[3], actuando con personalidad sobre ellas, fruto de su Misión. Por esta actitud será condenado, como una “agitador político”, que lleva detrás toda una carga religiosa.

a) La Muerte Salvífica de Jesús

La muerte del “Siervo, el Justo” anunciado por las Escrituras como misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado”.

b) La Muerte Vicaria de Jesús:

«Juan Bautista... manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Is 53, 7) y carga con el pecado de las multitudes (Is 53,12) y el Cordero pascual simbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Ex 12,3). Jesús es el Cordero que carga con el pecado y las culpas de muchos, alcanzándoles el perdón. Toda la vida de Cristo expresa su misión: “Servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10,45)».

c) La Muerte Sacrificial de Jesús

« La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres (1 Co 5,7b; Ef 1,7) por medio del “Cordero que quita el pecado del mundo” y el sacrificio de la Nueva Alianza que devuelve al hombre a la comunión con Dios erconciliándose con Él por “la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados (Mt 26,28)» [4]. Cordero: Su sacrificiode su vida va marcada por la obedencia, el carácter voluntario (Ef 1,7).


2) La Resurreción de Jesucristo: Datos Bíblicos, Valor Histórico y Teología.

a) La Resurreción de Jesucristo

Las Escrituras y la fe de la Iglesia dan a conocer que Dios ha resucitado a Jesús. Lo relatan los Evangelios y san Pablo hablará de ella más de un modo testimonial (1Co 15,3). La resurrección es un acontecimiento original sin antecedentes, realizado por Dios, que determina la historia, y que expresa que Jesús ha pasado a un nuevo modo de ser y de existir[5].

b) Datos Bíblicos

Los escritos bíblicos no tienen interés en presentar un estudio científico, sino que tienen el deseo de transmitir una Buena Noticia. Es un hecho objetivo, sin precedentes. Como relato es la base decisiva del anuncio del Nuevo Testamento.

Encontramos:

Fórmulas: Son las antiguas formas de predicación, profesiones de fe, fórmulas catequéticas olitúrgicas de los discípulos de Cristo; aquí encontramos especialmente restos de los «discursos misioneros» de Pedro y Pablo. P. e. Profesiones de fe (Rom4,24) o Himnos Litúrgicos (1 Pe 3,18).

Anuncios: Son textos que aparecen en la vida de Jesús y anuncian su futura resurrección. P.e. 8,31; Mt 16,21

Relatos: Textos que nos transmiten una realidad nuev con palabras y con imágenes de su tiempo; ello nos entregan el hecho de la Resurrección o su presencia resucitada a través de una narración. P.e. Mt 28,1–10.

c) Valor histórico

Como acontecimiento culmen de la fe, la resurrección de Cristo se incerta en la historia y la trasciende, pues abre la historia a una realidad jamás pensada, que trasciende lo normal y se incluye en lo misterioso. Ella anticipa la resurrección escatológica esperada por los creyentes.

El Sepulcro vacío (Jn 20, 1–10) y las Apariciones Corporales (Jn 20, 11ss)[6], son elementos que permiten corrovorar el acontecimiento histórico de la Resurrección de Cristo «en nu nuestra historia»[7].

«El misteio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas... Así lo mostrará Pablo al escribir a los Corintios hacia el año 56... El Apóstol habla aquí de la Tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión [8]».

d) Teología[9]

La Resurrección de Cristo es ua interención trascendente de Dios mismo en la creación y en la historia. Las tres Personas actúan juntas a la vez. Se realiza por el poder del Padre que ha resucitado a Cristo, su Hijo, y de este modo introduce de manera perfecta su humanidad en la Trinidad.

Cristo se revela definitivamente «Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos». Es la manifestación del poder de Dios[10], por la acción del Espíritu que ha vivificado la humanidad muerta de Jesús y la llamado al estado glorioso.


3) El Sepulcro Vacío y las Apariciones a los Discípulos[11].

El sepulcro vacío, que indica la Resurrección de Cristo, presenta la realización del acontecimiento fundante de la fe cristiana. La Resurrección es la verdad culminante de la fe en Cristo, creída y vivida por la primera comuidad cristiana como la verdad central.

a) El Sepulcro Vacío

En el marco de esta vivencia pascual, el primer elemento que se encuentra e el sepulcro vacío. En sí no es una prueba directa, pues la ausencia del cuerpo de Cristo podía explicarse de otro modo (Hortelano[12]); sin embargo, ha constituído un signo esencial: fue el primer paso de los discípulos para el reconocimiento del hecho de la Resurrección, como es el caso de las santas mujeres (Lc 24,322–23), de Pedro (24,12), del Discípulo amado (Jn 20,2).

Mc 16,6 «no está aquí»: es decir, “no está aquí en la muerte, está en la vida”.

Éste último, luego de entrar al sepulcro vacío y descubrir «las vendas en el suelo», vió y creyó (20,8), lo que supone que constató (20,5–7), en el estado del sepulcro vacío, que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto a simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro[13]. La nueva condición de Jesús –gloriosa– es distinta (no como la de Lázaro), por lo que no es fácil reconocerle.

b) Las Apariciones a los Discípulos

María Magdalena y las santas mujeres –que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús– fueron las primeras en encontrar al resucitado (Jn 20,11–18). Así se transforman en las pirmeras mensajeras de la resurrección de Cristo para los propios Apóstoles (Lc 24,6–10).

Jesús se apareció[14] a los Apóstoles, primero a Pedro, después a los Doce (1Co 15,5). Pedro ve al Resucitado antes que los demás y así da testimonio; de este modo es llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (Lc 22,31).

Estas apariciones comprometen a cada uno de los Apóstoles en la constitución de la era nueva que comenzó en la nueva mañana de Pascua. En sus testimonios –de hombres concretos y conocidos–, la primera comunidad se fundará.


4) La Presencia de Jesús en la Iglesia y su Venida Gloriosa

a) La Presencia de Jesús en la Iglesia

Lumen Gentium:

– 5: «Jesús, después de sufrir la muerte de cruz por los hombres y de resucitar... derramó sobre sus discípulos el Espíritu prometido por el Padre. Por eso la Iglesia, enriquecida con los dones de s Fundador... recibe la misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino de Cristo y de Dios»

– 7: «Por la comunicación de su Espíritu a sus hermanos, reunidos de todos lo pueblos, Cristo los constituye místicamente en su cuerpo... Somo integrados en los mietior de su vida: con Él estamos identificados, muertos y resucitados hasta que reinemos con Él... Él hace que todo el Cuerpo crezca para Dios, compacto y estructurado mediante los ligamentos y articulaciones (Col 2,19). Él distribuye sin cesar los dones de los ministerios en su Cuerpo, en la Iglesia. Con ellos gracias al poder de Cristo, nos ayudamos mutuamente a salvarnos para que ... crezcamos por todos los medios en Él, que es nuestra cabeza»[15].

b) Su Venida Gloriosa de Jesús

Lumen Gentium:

– 48: «Al resucitar Cristo de entre los muertos, envió su Espíritu de vida... y constiuyó a su Cuerpo, la Iglesia, como sacramento universal de salvación... Por medio de ella une a los hombre más íntimamente consigo y les da parte en su vida gloriosa. Por tanto, la restauración prometida que esperamos comenzó ya en Cristo, progresa con el envío del Espíritu Santo y por Él continúa en la Iglesia...

...El final de la historia ha llegado ya a nosotros[16] e incluso de alguna manera real ya está por anticipado en este mundo... Mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las creaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios (Rom 8,19–22)»[17].
[1] En lo que respecta a este tema seguimos lo señalado por Maximino Arias R., en Jesús, el Cristo, Curso Fundamental de Teología. Santiago 1997; p. 193.
[2] Cfr. Mc 8,31; Lc 4,29; Lc 13,33–34.
[3] Cfr. la relación de Jesús con la Ley: no rechaza la Ley, la plenifica, dando plenitud («a aquello que no alcanza su totalidad en sí») a las costumbres israelitas que que se habían quedado en un mero ritualismo. Mt 5,17; Mc 12,38.
[4] Cfr. Gál 2,20; Rom 5,8–9.
[5] Rom 6,9.
[6] Cfr. además Mt 28, 1–10; Mc 16, 1–11.
[7] Ver CEC 640–647.
[8] CEC, 639.
[9] Cfr. CEC 648.
[10] Rom 1,3–4; 6,4; 2Co 13,4.
[11] CEC 639ss.
[12] Cfr. Jn 20,13.
[13] Jn 11,44.
[14] Esto es: se hizo evidente; sería una experiencia de Cristo presente distinta, no lo percibieron como Jesús.
[15] Cfr. 1Co 1,15–18.
[16] Cfr. 1Co 10,11.
[17] Véase además el n° 49 de la Cosntitución Lumen Gentium.

jueves, octubre 05, 2006

JESUCRISTO EN EL NUEVO TESTAMENTO




Cristología de la Iglesia Primitiva

1) El Kerigma Cristológico de la Iglesia Primitiva

a) Término Kerigma

En un primer acercamiento debemos aclarar que el término Kerigma (κήρυγμα) proviene del griego clásico[1] y que indica una noticia de carácter público y generalmente vinculante, traída por un heraldo. En el NT designa el anuncio de la Buena Noticia (Evangelio) de la salvación por Cristo, hecho a los judíos y paganos.

Este anuncio no es un simple «informe histórico» de un acontecimiento ya ocurrido, sino que es el mismo acontecimiento que manifiesta eficazmente el mensaje de la salvación que contiene. De este modo la obra salvífica de Jesucristo se hace presente por obra del Espíritu Santo en la «palabra» aunciada por el apóstol[2].

¿Qué se anuncia?

El centro de este anuncio es El Misterio Pascual de Jesucristo:

*para la comprensión de Jesús (Fe en Jesús)

*y la autocomprensión del hombre (el perdón de sus pecados y triunfo sobre su miseria[3]) 1 Co 15,17–20; Hch 2,22–24.

Existen diversas Fórmulas Kerigmáticas (breves, medianas y largas) en la Igleisa primitiva que aparecen en los Escritos del Nuevo Testamento:


– Breves:

1 Tes 4,14: «Murió y resucitó...»
Podrían ser una misma,
pues no hay
gran distinción
– Medianas:
1 Tes 5,9ss: «Nuestro Señor Jesucristo murió por nosotros...»


– Largas:
1 Cor 15,3: «Cristo murió...»


2) Jesús de Nazaret: los Evangelios Sinópticos, san Juan y san Pablo [4].

a) evangelios Sinópticos[5]

El anuncio que los Evangelios hacen de Jesucristo no está elaborado sistemáticamente, ni de modo epistolar, sino con un único interés de presentar el misterio de Jesús–Salvador.

San Marcos: Jesús «Hijo de Dios»
Busca hacer que el lector reconozca a Jesús como «Hijo de Dios». Para este fin lo pone en tres cumbres de la Revelación:

1) Cristo: «Evangelio de Jesus– Cristo + Hijo de Dios (1,1) 2 títulos

Cristo –Ungido– : apodo que se transformará en nombre propio en el evangelio. Para su mayor importancia irá acompañado por un artículo (el). En tres lugares claves: a) 1,1; b) 8,29 en el centro del evangelio, explicitado por Pedro (importancia propia); c) 15,39 ahora anunciado por un pagano

2) «Hijo del Hombre»: 14 veces, muchas de ellas unidas al dolor, a la pasión.

«Hijo del Hombre» (8,31), Hace referencia a la profecía de Daniel (7,13: que vendrá sobre las nubes). Es la presencia de Dios en el Antiguo Testamento.

3) «Jesús, el Cristo»:

El secreto mesiánico. Después de algún milagro, Jesús pone la condición de guardar silencio de su condición mesiánica (1,33.44)[6].

San Mateo:
Hace culminar el evangelio en la manifestación de Cristo que ha recibido soberanía universal (28,18). El reinado de Dios es el Reinado de Cristo: Jesús corona el pasado de Israel, dándole plenitud.

San Lucas:
San Lucas da consistencia al tiempo de Jesús que transcurre entre el anuncio profético y el de la Iglesia[7]. La vida de Jesús adquiere valor para el tiempo eclesial; el acontecimiento pasado se mantiene presente para siempre.

1) Jesús Profeta

2) Camino a Jerusalén:

Todo está organizado en camino a Jerusalén [8].

b) San Juan
En el cuarto evangelio Jesucristo es el Gran Revelador absoluto y definitivo, y su teología se centraliza en la Persona de Jesús[9], y para este fin se demuestran testimonios como el del Padre, del Bautista, de la mujer Samaritana, además de señales, que van revelando su Persona y su gloria[10].

Posee como punto de partida la afirmación de la preexistencia de Jesús como afirmación de su origen divino y muestra en Él la gloria del Padre. Así, expresa desde un comienzo p.e.:

Características del Evangelio

El Verbo:

«En el principio estaba la Palabra –eternidad
Palabra estaba con Dios [11] –eternidad junto a Dios–
Palabra era Dios –con un modo de ser divino–
Todo se hizo por ella... –en cuanto preexistente fue partícipe de la creación del mundo–

El Verbo eterno, se encarna, sin dejar su condición divina (v. 14). El pone su morada entre los hombres [12] y viene a los suyos –v.11s, y los suyos no lo recibieron.

*El Hijo:
Para muchos es el evangelio del Hijo por sus numerosas menciones como «Hijo de Dios»[13], y como «Hijo» en la relación con su Padre, relación de la que hace mención en repetidas veces (“el Padre, mi Padre, el Padre en mí y yo en el Padre...”). La unión con su Padre es perfecta en: Ser, amor, voluntad (10,18)[14]. El retorno a su Padre se realiza en su hora, hora de glorificación del Hijo al mismo tiempo que el Padre[15].

c) san Pablo
La reflexión que el Apóstol realiza de Jesús es basada en su contacto personal precisamente con el Jesús Glorificado[16], acontecimiento que se transforma en raíz de vida de Pablo.
Para él, será fundamental la paradoja del Señor “muerto y cucificado”, “muerte y vida”, “cruz y resurrección”, punto de partida para el desarrollo de la fe, al punto que el centro de su mensaje es el anuncio del Mesías crucificado (1 Co 2,2)[17], vinculando –desde sus raíces judías la esperanza israelita del Mesías con la paradoja de la actuación salvífica de Dios a través de la cruz.

Cruz y resurrección serán inseparables en el anuncio de Pablo: la debilidad asumida por Cristo, se manifiesta en la cruz, al mismo tiempo que en ella se descubre la fuerza de Dios. La cruz será para Pablo el lugar en que se cumple la muerte propiciatoria[18]. De este modo la cruz y muerte de Cristo son para Pablo el fundamento tanto para adhesión personal como para su cristología.

Dentro de la cristología paulina, podemos encontrar algunos títulos referentes a Cristo:

*Hijo de Dios:
La predicación paulina –luego de la conversión - comienza en las sinagogas con esta afirmación de Jesús como «el Hijo de Dios» o «el Hijo», en sentido absoluto[19]. Este título no será sólo un referente a Dios, sino que indicará la voluntad reconciliadora de Dios, que nos entrega a su Hijo único, y que nos hace hijos de adopción[20].

*Kyrios:
Este es un título muy frecuente en Pablo, en unión con el nombre Jesucristo y en muchos pasajes con la añadidura Nuestro[21]. Para Pablo, Jesucristo es una Persona viva y actual, rodeada de reverencia, al tiempo que también es cercana, pues su conocimiento y relación es personal (Flp 3,8). Cristo posee un Señorío sobre vivos y muertos[22].


3) La Cristología en el Apocalípsis.

La apocalíptica posee el sentido de presentar «el futuro» en los momento de dolor y sufrimiento[23]. Es por esta razón que aparece Cristo triunfante (Ap 1,8.17–18): es el Cordero degollado (Ap 5), pero triunfante, Señor de la historia de los hombres, que conduce y rige la Iglesia; la Cólera: signo de la manifestación de la verdad, del triunfo final sobre los enemigos de la Iglesia y establece las nupcias con ella, que simbolizan el establecimiento del Reino celestial [24].


4) Jesús ante los pecadores, los pobres, las autoridades.

a) Jesús ante los Pecadores y los Pobres[25]:

Según los Sinópticos[26], Jesús no se detuvo describir la naturaleza del pecado, sino que atiende a «los hombres alejados de Dios, bajo el poder del demonio, y necesitados de conversión y de salvación». El ministerio de Jesús y la dinámica del Reino tienen como rasgo esencial «la misericordia que puede suscitar lo más bello de una persona y grandiosas muestras de amor»[27].

Jesús ha venido en medio de todos y para todos, no para justos, sino para los que estaban sin esperanza alguna[28]. El Mesías, actúa con Misericordia ante los pecadores, para que así alcancen la verdadera conversión.

Además, Él quiere hacer que se reconozca en los pobres a los privilegiados, pues «de ellos es el Reino de Dios»[29]. Jesús así aparece como el «Mesías de los pobres» (Lc 4,18; Is 61,1).

b) Jesús ante las Autoridades:

Jesús, que ejerce su autoridad como servicio, reconoce las autoridades sociales de la época, pero siempre viendo las injusticias que cometen. Además, Él deja en claro el origen de toda autoridad, tanto en el cielo como en la tierra[30].


5) Jesús ante la Ley, el Templo, la Familia y los Discípulos.

a) Jesús ante la Ley y el Templo:

Ante los defensores de la tradición antigua tiene una actitud violenta, pero no ante la ley, pues en el Reino no ha de ser abolida, sino que alcanza su plenitud (Mt 5,17) en cumplimiento y sentido.

Mt 5,17:
«No destruir..., sino (llenar, dejar pleno) la Ley»: a la Ley le faltaba algo, por lo que Jesús le agregará lo que faltaba. Por lo que «dar cumplimiento» es completar, es reinterpretar lo que ya había quedado obsoleto[31].

Él re–ordena los preceptos dando principal cuidado a la justicia y la misericordia, descuidadas por los escribas y fariseos. Ahora será movida por el Espíritu y no por un puro ritualismo (Mc 12,28–31).

Ante el Templo, Jesús reprueba sus prácticas cultuales, condenando el formalismo (sólo rito). El Templo para Él es la «casa de su Padre», que en el momento de la muerte de Jesús, perderá el velo del santo de los santos como muestra de que lo antiguo pierde su sentido y función, siendo reemplazado por Cristo, su propio cuerpo[32].


b) Jesús ante la Familia y los Discípulos:

En los tiempos de Jesús, la familia era referencia y apoyo, pues por ella se adquiría honor y buena reputación[33]. En este sentido, llama la atención en la llamada de Jesús que tiene como exigencia para los discípulos el abandono de sus familias: es signo del abandono absoluto de seguridades, lo que incluye conflictos[34].

Sin embargo, la llamada de Jesús era una invitación para formar parte de una familia en la que todos somos hermanos y tenemos un Padre común[35]. Es el modelo que siguieron las primeras comunidades. Hay un nuevo lazo que une y que es más fuerte que el lazo sanguíneo: la fe.
[1] En el griego clásico es un sustantivo derivado del verbo κήρυσσειν (keryssein). Es de suma importancia destacar que el uso del término proviene del mundo antiguo (griego) en donde el rey mandaba anunciar una noticia que resultaría para el pueblo pública y vinculante: cristianos de los primeros siglos toman este significado y se lo apropian.
[2] He aquí la razón de porqué los que oyen el anuncio no pueden permanecer indiferentes, sino que son invitados a convertirse y creer.
[3] Jesús es salvador (literalmente), por lo que responde a mis necesidades de vida y salvación en plenitud.
[4] Es la Cristología que nos presentan los escritos por medio de títulos cristológicos; reflejan la visión cristológica del evangelista.
[5] Tomado de Xavier León–Dufour,Vocabulario de Teología Bíblica. Voz: Jesucristo. Herder, Barcelona. 1993.
[6] Esto s explica por la concepción de Mesías que tenía el pueblo judío. Rey, Sacerdote y Profeta: históricamente el Mesías se esperaba con estos rasgos. Jesús no quiere asumir la visión de la gente.
[7] Lc 16,16; Hch 2,1.
[8] Esto es signo de que cada autor dispone los elementos según su interés cristológico. El retrato de Cristo es más bien el de Salvador misericordioso, cercano a los pobres y a los pecadores (Lc 19,1–11; 5,17).
[9] En este sentido importa Jesús: su Persona, su Origen, su Misión, su autoridad, su destino, siendo Él de este modo el centro de la predicación, más que el modo de cómo realizaba tal función.
[10] Cfr. 2,11; 11,4.
[11] Considérese la expresión 1,1: (pros tón Theón) donde la preposición pro.j refiere estar “vuelto hacia”, “estar con”, indicando la intimidad de la Palabra con Dios (reflejo del Padre).
[12] Es un verbo aoristo, en modo indicativo de (–skenóo– vivir, habitar) e indica que la acción es considerada por el sujeto como definitiva o acabada. Además se relaciona con skhnή (–skené– “tienda de campaña, lugar de residencia” en alusión de aquella real presencia veterotestamentaria de Dios en medio de su Pueblo.
[13] Véase Jn 1,49; 3,18; 5,25; 20,31.
[14] Cfr. Jn 10,18; 14,31.
[15] Jn 7,30; 12,23ss.
[16] Es necesario reconocer que Pablo tenía un conocimiento previo al encuentro de Damasco, pero que, sin embargo, se trataba de un conocimiento según la carne (2 Co 5,16), es decir, no iluminado por el Espíritu.
[17] Véase además 1 Co 1,17–18.23–24; 2,2; Gál 5,11.
[18] Vr. 2 Co 5,14.19.21.
[19] 2 Co 1,19; 15,28; Preexistente Rom 8,3.
[20] Ef 5,2.25; Gál 4,1–7.
[21] Son cuarenta y siete veces, incluyendo Ef y Col. La añadidura Nuestro generalmente referido a la comunidad (Rom 1,4) donde Él esta presente de modo real y actuante, al punto que la evangelización es “obra del Señor” (1 Co 15,58).
[22] Rom 14,9.
[23] Cfr. Ap 1,1–3.
[24] Ap 6,15ss; 19,7;21,9.
[25] Considérese las Bienaventuranzas: que el AT utilizaba como fórmulas de felicitación a propósito de piedad, de sabiduría, de prosperidad: los pobres también participarán de estas bendiciones. Los hombres considerados de ordinario como desgraciados y malditos son felices, pues son aptos para el Reino, es una especie de «infancia espiritual»; Mt 5,3; 11,5; Stgo. 2,5.
[26] Lc 7,37–49: La mujer perdonada; 19,1–10: zaqueo; Jn 8, 1–11: mujer adúltera.
[27] Considérese que la Mujer, pecadora pública «lava, seca, besa y perfuma», imagen que perfectamente calza con la de una madre con su hijo: fruto de la misericordiosa actitud de Jesús y “a pesar de ser una pecadora, incluso pública”.
[28] Es necesario considerar la actitud de Zaqueo, el cual baja «a toda prisa», para recibir a Jesús: actitud común de aquellos que ya no teniendo nada responden desde su pobreza ante la manifestación misericordiosa de Dios. Cfr. Mt 4,22; Mc 10,50; 5,42; Lc 4,39; Jn 5,9.
[29] Lc 4,18; 6,20; Mt 5,3; Sant 2,5.
[30] Lc 22,27–28; Mt 20,25; Jn 18,36.
[31] Sólo alcanza plenitud lo que no estaba pleno; Cristo es la plenitud de toda realidad y tradición humana. Cumplir la Ley no es sólo realizar preceptos, sino que en Jesús la Ley alcanza Plenitud, Cumplimiento.
[32] En la amplitud del término y como efecto de lo señalado a propósito de la Ley; Jn 2,13–22.
[33] De ahí la importancia de las genealogías.
[34] Lc 9,57–62; Mt 10,34–36.
[35] Mt 23,8–9.